viernes, 7 de marzo de 2014

16.-PROPONER LA FE CRISTIANA… Admirando la belleza…



Observé la luminosidad de las vidrieras de la catedral de León, y admirado por su belleza me  puse a buscar el origen de esa luz repleta de matices de colores.



Observé las torres afiladas de la catedral de Burgos, y, admirado por la belleza de su finura y esbeltez que toca las nubes, me puse a buscar las metas que tocan el cielo.



Observé las filas de piedras y los arcos del acueducto de Segovia, y, admirado por su belleza armoniosa, me puse buscar lo que parece imposible en la líneas del horizonte donde las paralelas puedan algún día encontrarse.



Observé la geometría perfecta de las pirámides de Keops, Kefren y Micerinos de Egipto, y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen de la sabiduría en los teoremas matemáticos.



Observé la robustez de las murallas de Ávila, y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen de la máxima fortaleza que me pusiera a salvo de todos los peligros.



Observé la majestuosa cúpula de Miguel Ángel en Roma, y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen del camino para llegar al pórtico de la gloria.



 Observé la ordenada estructura de la torre Eiffel de París,y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen de la plataforma para conectar con la piedra filosofal.



 Observé a una comunidad cristiana y en ella descubrí el origen de toda la belleza en  las personas que construyen un edificio para toda la humanidad.  Cada persona es una piedra viva que se une a otras piedras para hacer posible la presencia de Jesús, que es la máxima belleza y la plena sabiduría del edificio perfectamente logrado. El evangelio recoge con precisión, los planos que guían la construcción de esta obra inacabada.



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¡Hasta la próxima semana!



Tino Escribano Ruiz




viernes, 28 de febrero de 2014

15.- PROPONER LA FE CRISTIANA… desarrollando las mejores emociones.

Escuché sonidos chirriantes que irritaron mis sentimientos de bondad; pero me calmé con las emociones de alegría  al oír la novena sinfonía de Beethoven.

Escuché el martilleo de las máquinas de producción que llenaron de angustia mis pensamientos; pero me calmé con las emociones de serenidad  al oír el concierto de Aranjuez del Maestro Rodrigo.

Escuché los gritos machacones de la publicidad invadiendo mis sentimientos con tormentos de ansiedad; pero me calmé con las emociones de empatía al oír las canciones de Quem con Freddi Mercury.

Escuché  palabras huecas en los cotilleos de la TV, que me produjeron un vacío existencial; pero me calmé cuando se despertaron emociones de un profundo sentido de la vida, al oír la música de “El Muro” de Pink-Floyd.

Escuché conversaciones hirientes tras una ruptura inesperada, que me provocó sentimientos desconcertantes; pero me calmé con las emociones de asertividad, al oír las Valkirias de Wagner.

Escuché  frases asesinas que me invitaban al inmovilismo con zumbidos de una perezosa monotonía; pero me calmé cuando se reactivó la imaginación, con todo su dinamismo, al oír las cuatro estaciones de Vivaldi.

Quise entrar por la puerta falsa para vivir intensas sensaciones ante lo desconocido; pero todo fue mejor abriendo la puerta a la música de Triana en Sombra y Luz.

Me dijeron que la inspiración se consigue viviendo sensaciones de quietud junto a los peces; pero yo lo conseguí escuchando el final de la Senda del Tiempo, de Celtas Cortos.

Un día percibí que los mejores sentimientos de la vida se transmiten de padres a hijos cuando se heredan las emociones de interioridad. Entonces, escuché la música de mi mente y me di cuenta de lo afortunado que era.

Acudí a la comunidad cristiana y descubrí que quien ama al prójimo vive la más alta expresión de educación emocional.
            Estas emociones no proceden de sonidos musicales ya inventados, sino de la música del interior de las personas guiadas por la batuta del Maestro, Jesús de Nazaret, que armoniza su propia obra original escrita en las partituras del evangelio.  Quienes escuchan estas notas desarrollan los mejores sonidos de la mejor música, compuesta por las emociones humanas y divinas más sublimes.

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Hasta la próxima semana.


Tino Escribano Ruiz

viernes, 21 de febrero de 2014

14.-PROPONER LA FE CRISTIANA… como apasionante aventura.



Leí el libro de “Los Viajes de Gullivert” y aprendí que  en la vida se necesita muchas dosis de fantasía e imaginación para crecer y desarrollarse como persona.

Leí “Don Quijote de la Mancha” y aprendí que sus aventuras proceden de un profundo pensamiento que necesita ser equilibrado por la realidad de Sancho Panza.

Leí “El último Mohicano” y aprendí que la vida merece la pena vivirla como una gran aventura de alta resistencia.

Leí “Sinué el Egipcio” y aprendí que en las aventuras de los viajes se refuerza la sabiduría de los honrados.

Leí “La Noche oscura”,, y aprendí que para conseguir las más sublimes aspiraciones humanas se necesita vivir la mística aventura de mantenerse en pie  al no ver ningún resultado.

Leí el libro de “Viaje al centro de la tierra” y aprendí que hasta en los más perdidos y oscuros laberintos internos, se goza en la aventura esperanzada de encontrar una salida.

Leí “Las aventuras de Tom Sayer y descubrí que la aventura de la amistad supera todos los miedos, aunque  te den por desaparecido.    

Leí “El diario de Ana Frank” y descubrí que mantener la fuerza de los ideales es la mejor aventura que se puede vivir para sobreponerse a los horrores de las guerras exteriores y de las guerras que cada uno lleva consigo mimo.

Me acerqué a una comunidad cristiana y descubrí que todas las personas afrontan la vida utilizando los mejores resortes de los personajes de estas y otras apasionantes y trepidantes aventuras. En esta comunidad se sabe que el final es siempre feliz, porque es la misma vida de Jesús, protagonista principal de esta aventura de la fe cristiana. El libro de la buena noticia del evangelio, así lo narra y sigue siendo la guía principal para que otras personas se involucren en los diferentes episodios de la vida, haciendo experiencia de la fe en Jesús con la misma intensidad con las que los personajes de esos libros viven una apasionante aventura.

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Hasta la próxima semana.

Tino Escribano Ruiz

sábado, 15 de febrero de 2014

13.-PROPONER LA FE CRISTIANA… como hogar de una gran familia.



Caminé hacia la casa de familia y me sentí reconfortado en el hogar más entrañable, junto a los seres más queridos.

Caminé hacia la casa del campo y me envolví entre las fragancias de hierbas y árboles que me conectan al hogar de la naturaleza.

Caminé hacia la casa de mi pueblo y me encontré con las raíces de mi historia
 escrita en las personas que forman parte de mi hogar y de los lugares donde transcurrió mi infancia.

Caminé hacia la casa rural y conviví con familias de amigos con las que se va formando un hogar porque vamos creciendo en unión de afectos, de confianza y de ayuda.

 Caminé hacia la casa del sol naciente y escuche las músicas que venían de horizontes lejanos desde el hogar más remoto de la humanidad.

Caminé hacia la casa del restaurante donde se reúnen los comensales en armonía
de hogar, festejando grandes acontecimientos familiares donde nunca faltan alimentos  para todo.

Caminé hacia la casa del diálogo donde las familias comparten las ideas y opiniones en un ambiente de hogar respetuoso, donde la sensibilidad une las diferencias.

Caminé hacia la casa de cultura donde nacen iniciativas de formación, de ocio y tiempo libre  en un ambiente de hogar y bienestar. 

Me acerqué a una comunidad cristiana y me sentí acogido en el hogar de la casa  familiar, donde se expresan todas las características de las otras casas; porque allí hay unas personas que se reúnen en nombre de Jesús. Aquí descubren su presencia en el amor de unas familias a otras. Esto hace posible que sea el hogar, por excelencia, de la única familia de los hijos del Padre-Dios.
El evangelio de Jesús es el hilo que une en la diversidad familiar, y es el corazón que da fuerza a esa gran familia, donde hay siempre un sitio para todos.  

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Hasta la próxima semana,

Tino Escribano  Ruiz