Enchufé el aparato de radio y conecté con mi emisora
preferida. Escuché las opiniones de los tertulianos
favoritos; me comuniqué con ellos intelectualmente pero las ondas radiofónicas
no me abrieron más caminos.
Encendí el aparato de TV y pasé el tiempo mirando a la pantalla. Conecté con un mundo de luz transformada en movimiento;
me comuniqué con un sin fin de sensaciones; pero, apagado el aparato,
no había más caminos.
Abrí el ordenador para enviar un
correo electrónico. Me comuniqué con mi grupo de amigos;
pero no conseguí más respuesta que las palabras
convencionales que no llevaban a ningún camino.
Me hice una cuenta en Facebook. Me apunté a Tuenti, a Twiter, a You-Tube y a WatsApp. Me
registré en las 70 redes sociales
para conseguir mayor amplitud de comunicación con miles de amigos en mi cuenta.
Cada día fui el centro de atención; pero esa experiencia no sació mi profunda
inquietud de amplitud comunicativa.
Navegué por Google buscando en las páginas Web los mejores contenidos sobre la comunicación más profunda. Leí
todo. Reflexioné todo, y llegué a la conclusión de que todavía me faltaba
conectarme a un nuevo sitio que amplificara todas las comunicaciones
tecnológicas.
Acudí a una comunidad cristiana y me sentí conectado con un ambiente de
profunda comunicación vital. Noté que aquí se conjunta la dimensión humana más
profunda, con la del ser espiritual que
lo conecta todo en constante diálogo existencial con la realidad de la vida. Cada
persona, y la comunidad entera, se comunican con el Padre-Dios; escuchan sus
mensajes y se relacionan con él en actitud de confianza y cariño, que llaman oración,
en un ancho de banda que nunca se cuelga. Jesucristo enseña el vocabulario
básico de la oración con los caracteres esenciales del idioma del Padrenuestro.
Esta comunicación-oración empuja a los cristianos a proponer la fe de
manera completa, porque es el motor que amplifica la comunicación y empuja a transformar el mundo con el estilo de
vida que surge del Evangelio.
¿Desde dónde te
sitúas?
Puedes escribir tus comentarios debajo del escrito del blog.
… Y desde esta última ventana, abierta ya al
horizonte, veo que hay muchos portones por abrir. Pero de eso escribiré en mis
próximos pensamientos.
Gracias por acercarte a estas, discretas, ventanas.
Tino Escribano Ruiz






