jueves, 15 de mayo de 2014

26.-PROPONER LA FE CRISTIANA… como posibilidad de cambio.

Pensé que era un sueño que un rico tuviera las necesidades de un pobre, y que en las casas de los pobres habían entrado las necesidades de los ricos.

Pensé que era un sueño que en el despacho de un abogado había desaparecido la justicia; y que de la escuela del maestro se escaparon los valores humanos.

Pensé que era un sueño que en el gabinete de un psicólogo no había ya armonía interior; y que los gimnasios servían solo para dormir la siesta.

Pensé que era un sueño que en la casa de un obrero ya no quedaba pan para compartir;
y que en la casa de un estudiante  no había libros de ideales profundos.

Por unos momentos pensé que se había ido de viaje la solidaridad, abandonando la casa de un altruista; y que los premios Nobel de la paz se concedían a quienes armaban más guerras.

Por unos momentos pensé que aquellas ideas no se parecían en nada a la realidad de justicia y equilibrio que yo quería para mi planeta; y que, quizá, todos esos pensamientos no existían nada  más en un desafortunado sueño.

Entré en una comunidad cristiana y recibí cursos para despertar del mal sueño y aprendí a multiplicar los panes y los peces, para que nadie pase necesidad.
En otro curso aprendí del maestro, Jesús, a contratar obreros sin cometer injusticias, pero pagando a todos por igual, aunque llegaran a la última hora.
En otro curso me enseñaron a interpretar el evangelio para aplicar las claves con las que cambiar la injusta realidad, aunque a veces se confunda con nuestros peores sueños.  


 ¿Desde dónde te sitúas?


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Hasta la próxima semana. 



 Tino Escribano Ruiz


viernes, 9 de mayo de 2014

25.-PROPONER LA FE CRISTIANA... como intérprete de señales.

Miré a mi alrededor y el SEMÁFORO EN ROJO me prohibía seguir adelante. Interpreté que hace falta defender la vida. Cuando se puso en verde  seguí mi camino.

Llegué a un cruce peligroso y la señal de STOP me obligó a parar hasta ver despejado el camino. Interpreté que es necesario proteger la vida. Cuando tuve  seguridad, decidí continuar mi ruta.

Entré en un túnel y vi una señal que me obligaba a encender las LUCES. Interpreté que es preciso alumbrar los trayectos oscuros de la vida. A la salida tomé la decisión de llevarlas siempre encendidas.

Al final de la calle vi que la señal de CEDA EL PASO me obligaba a dar prioridad a quienes van por la otra ruta. Interpreté que hay que dar importancia a la vida de los demás. En la vía principal sentí que mi vida es importante para los demás.

Percibí en la carretera la señal de la LÍNEA CONTINUA que me obligaba a quedarme en mi carril. Interpreté que la paciencia forma parte de la vida y esperé la línea adecuada para realizar el adelantamiento.

Observé la señal del LÍMITE DE VELOCIDAD que me obligaba a frenar mi rapidez. Interpreté que las prisas no son buenas compañeras y tomé mis precauciones.
 
Entré en la CURVA PELIGROSA que me obliga a poner a tope todos los sentidos. Interpreté que era una señal para emplear serenidad  en los peligros de la vida. Al salir de ella afiancé mis seguridades.

            Llegué a una comunidad cristiana y descubrí que todas las señales me invitaban a seguir la dirección de conducir mi vida hacia la meta de hacer el bien a los demás. Jesús marca el camino con informaciones precisas, sin más obligaciones que las que cada cual se imponga a sí mismo, por amor a los demás.
            El Evangelio no es como un código de señales de circulación; es la esencia para interpretar las señales de la vida que conducen a que la humanidad tenga más vida.

¿Desde dónde te sitúas?


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Hasta la próxima semana. 



 Tino Escribano Ruiz


jueves, 1 de mayo de 2014

24.-PROPONER LA FE CRISTIANA… para Re-iniciar la vida.


Compré un libro de autoayuda para optimizar mi momento propicio para REINSERTARME a la familia; pues sin ella me sentía un solitario. Así me inserté en las raíces históricas de mi referencia.
 Me apunté a un curso de motivaciones interiores,   para REPLANTEARME las razones profundas de mi existencia, pues caminaba sin rumbo. Recibí la recompensa de plantear mis amplias metas. 

Me inscribí en un grupo de terapia  emocional,  para RECONECTARME con los mejores sentimientos de mi infancia más feliz, pues estaba atravesando una época de apatía. Recibí la recompensa de conectar con las emociones más originales y puras de mi niñez.   

Me hice socio de una fábrica de inventos, para REINVENTARME un futuro más dinámico; pues me sentía dormido y torpe en los arranques.  Recibí la recompensa de inventarme, despertando mi vida con las últimas actualizaciones que dieron agilidad de alta potencia.

            Y así un día y otro, escuchaba a mi alrededor que estaba en mi mejor momento para REPROGRAMARME encontrando mi rumbo; para REPENSARME con criterios más sólidos. Para  REUBICARME con  las bases más firmes. Para RECONSTRUIRME porque mi vida se deterioraba con el tiempo… Y entré en una carrera frenética buscando el modo de desarrollar mi personalidad original apuntándome a todo lo que empezaba por re, re, re…

   Me acerqué a una comunidad cristiana y  encontré a personas que optimizan todos los recursos anteriores concentrándolos en el término RE-NA-CER, que da acceso a  RECOMPONER toda la vida en una criatura nueva, con la fuerza de la fe.
 Jesús REVITALIZA la existencia, haciendo que triunfe la vida sobre cualquier signo de muerte. El Evangelio marca las pautas para RECOGER los mejores frutos, que nacen del agua y del espíritu, para dar identidad a toda la humanidad.


¿Desde dónde te sitúas?


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Hasta la próxima semana. 



 Tino Escribano Ruiz

jueves, 24 de abril de 2014

23.-PROPONER LA FE CRISTIANA… Como experiencia de confianza.

Ahora añoro la capacidad de sorpresa de mi tierna infancia, pero ya no confío 
en los muñecos de Eurodisney. Busco la confianza que manifiesta un niño cuado te agarra fuerte de la mano.

Ahora añoro los regalos de mi infancia, cuando me sorprendían con el regalo que siempre había soñado. Pero ya quedaron en un rincón, abandonados. Busco la confianza que manifiesta un niño cuando disfruta porque siente el cariño como el mejor regalo.

Ahora añoro la ternura más sutil del beso a la familia en aquellos años de mi infancia. Pero ya todo lo veo falso como besos de Judas, interesados. Busco la confianza que manifiesta un niño cuando reclina su cabeza para dormirse sobre tus hombros, totalmente abrazado.

Ahora añoro la experiencia del riesgo en aquellos juegos de la infancia sin miedo a salir descalabrado. Pero ya todo eso se acabó, pues con dinero lo tengo todo asegurado. Busco la confianza que manifiesta un niño cuando se lanza al vacío porque no duda en la seguridad de quien le acoge entre las manos.

Ahora añoro el mundo de fantasía y de magia con el que viví mil aventuras con los cuentos de antaño. Pero me decepcioné cuando vi que la riqueza no está de mi lado. Busco la confianza que manifiesta un niño cuando se sienta sobre tu regazo para volver a escuchar el mismo cuento que tantas veces le has contado.

Me acerqué a una comunidad cristiana y encontré a personas que viven felices poniendo su confianza en un Dios al que llaman Padre
que les ama con la ternura de una madre que siempre está a su lado.
Jesús, como hermano mayor, tiene la capacidad para sorprenderte haciendo que tus añoranzas del pasado se transformen en nuevas vivencias del futuro.
El Evangelio marca la ruta para vivir con emoción la experiencia de confiar en el proyecto de Dios con la actitud del niño, pero con la madurez de un adulto.

¿Desde dónde te sitúas?


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Hasta la próxima semana.

Tino Escribano Ruiz



jueves, 17 de abril de 2014

22.-PROPONER LA FE CRISTIANA… como calidad de vida




Me dijeron que valía la pena gastar mi dinero en alimentos ecológicos para mejorar mi calidad de vida; pero mi vida siguió tan de baja calidad, como siempre.



Me dijeron que habitara en un pueblo de la sierra, para mejorar la calidad de vida en mi salud; pero seguí de acá para allá, como siempre.



Me dijeron que comprara todos los electrodomésticos del mercado para mejorar mi calidad de vida en el hogar; pero mi vida familiar siguió tan desconectada como siempre.



Me dijeron que tomara  pastillas homeopáticas para mejorar la calidad de vida en mi sueño; pero mi vida siguió como siempre, sin afrontar los problemas que no me dejaban dormir..



Me dijeron que cambiara de pareja para mejorar la calidad de vida en mi convivencia; pero mi vida siguió con la misma rutina y las mismas manías, como siempre.



 Me dijeron que hiciera un curso de meditación trascendental para mejorar la calidad de vida de mis pensamientos; pero mi mente siguió con pensamientos  ramplones e inútiles, como siempre.



Me dijeron que siguiera los consejos de un libro de autoayuda para repensarme  y                            mejorar la calidad de mi vida emocional; pero mis emociones siguieron tan descontroladas como siempre.



  Me acerqué a una comunidad cristiana  para mejorar la calidad de mi vida; y descubrí que todas las personas que allí vivían  disfrutaban de un “no sé qué”, que ponía remedio a todos sus anhelos y que no hacía falta comprar en ninguna tienda.

 Jesús se lo da a cada uno personalmente, según lo que necesite para hacer el bien a los demás. Me puse a vivir de esa manera dejándome llevar por el Evangelio, y conseguí la mejor calidad de vida que jamás habría soñado. 

¿Desde dónde te sitúas?


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Hasta la próxima semana. 

 Tino Escribano Ruiz

viernes, 11 de abril de 2014

21.-PROPONER LA FE CRISTIANA… como apuesta por la vida


Jugué a las quinielas, apostando para ganar dinero y  ayudar a los que pasan hambre; pero esa semana la suerte no estaba de mi parte, y los hambrientos siguieron con su hambre.

 Jugué a la Bonoloto apostando con la intención de ganar dinero para  ayudar a la asociación de acogida a transeúntes;  pero ese día la suerte no caminaba conmigo. Y los transeúntes se quedaron sin acogida.

Jugué a la Primitiva de toda la semana, apostando para ganar el dinero necesario para ayudar a los misioneros; pero ese día  la suerte se fue de viaje, y los misioneros se quedaron sin ayuda. 

Jugué a los concursos de la tele, apostando dinero para ayudar a los desahuciados; pero ese día la suerte se quedó dormida en su casa, y los desahuciados siguieron con la soga al cuello.

Jugué a la lotería de Navidad apostando mi dinero con la intención de ayudar a las familias en paro; pero ese día la suerte estaba comiendo en algún restaurante, y las familias en paro pasaron otro día más sin comer.

Jugué al bingo apostando para ganar y ayudar al centro de inmigrantes. Pero ese día la suerte estaba de otro lado, y los inmigrantes se quedaron en su patera.

Jugué a las máquinas tragaperras apostando para ayudar a un hospital en Mozambique; pero ese día la suerte se fue de vacaciones, y los enfermos de Mozambique se quedaron sin medicinas.  

  Me acerqué a una comunidad cristiana y vi que esas personas están llenas de riquezas en su corazón, que emplea para arreglar la vida de los demás; y entendí que la mejor apuesta para arreglar todos los males sociales es la de jugarme mi propia vida apostando por los valores por los que Jesucristo se la jugó dando su propia vida.  El evangelio sigue ofreciendo las claves esenciales para acertar siempre, apostando tu vida al número que te marca las 24 horas de cada día.

¿Desde dónde te sitúas?

Puedes poner un comentario, (debajo del escrito) y te responderé.

¡Hasta la próxima semana!.

Tino Escribano Ruiz



jueves, 3 de abril de 2014

20.-PROPONER LA FE CRISTIANA… con mirada transparente.

Entré en una tienda óptica y me compré unas gafas oscuras para protegerme del sol; pero mi interior me decía que me engañaba, pues eran para esconder mi identidad.

 Entré en una tienda óptica y me compré una gafas para mi vista cansada; pero mi interior me decía que me engañaba, pues eran para tapar los cansancios de la vida que no quiero afrontar.
                              
Entré en una tienda óptica y me compré unas gafas para ver de lejos; pero mi conciencia me decía que me engañaba, pues eran para tener lo más lejos posible los problemas que me rodean, sin querer afrontarlos.

Entré en una tienda óptica y me compré unas gafas con cristales de espejo para protegerme de las miradas ajenas; pero mi conciencia me decía que eran para ocultar mi frialdad e indiferencia ante los demás.

 Entré en una tienda óptica y me compré unas gafas tridimensionales para soñar con la realidad como me gustaría que fuera; pero mis pensamientos me decían que era una manera de seguir soñando inútilmente sin hacer nada para conseguir mis ideales.
                              
Entré en una tienda óptica y me compré unas gafas progresivas para ver al mismo tiempo lo de cerca y lo de lejos; pero me asusté cuando me temblaron las piernas al empezar a caminar. Solo yo sabía que prefería seguir con mi pensamiento en las nubes y no me sirvieron para nada.

  Me acerqué a una comunidad cristiana llevando mi colección de gafas para conocer los misterios de la vida; pero descubrí que me sobraban todas ellas, pues las personas miraban cada situación de su vida con la mirada de la fe en Jesús.
 Siguiendo el Evangelio se adquiere la posibilidad de tener una mirada transparente, para corregir la vista de todas las miradas extraviadas.


¿Desde dónde te sitúas?
                                  
Puedes hacer un comentario debajo
de este escrito y te responderé.
 

Hasta la próxima semana.

Tino Escribano Ruiz