viernes, 7 de marzo de 2014

16.-PROPONER LA FE CRISTIANA… Admirando la belleza…



Observé la luminosidad de las vidrieras de la catedral de León, y admirado por su belleza me  puse a buscar el origen de esa luz repleta de matices de colores.



Observé las torres afiladas de la catedral de Burgos, y, admirado por la belleza de su finura y esbeltez que toca las nubes, me puse a buscar las metas que tocan el cielo.



Observé las filas de piedras y los arcos del acueducto de Segovia, y, admirado por su belleza armoniosa, me puse buscar lo que parece imposible en la líneas del horizonte donde las paralelas puedan algún día encontrarse.



Observé la geometría perfecta de las pirámides de Keops, Kefren y Micerinos de Egipto, y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen de la sabiduría en los teoremas matemáticos.



Observé la robustez de las murallas de Ávila, y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen de la máxima fortaleza que me pusiera a salvo de todos los peligros.



Observé la majestuosa cúpula de Miguel Ángel en Roma, y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen del camino para llegar al pórtico de la gloria.



 Observé la ordenada estructura de la torre Eiffel de París,y, admirado por su belleza me puse a buscar el origen de la plataforma para conectar con la piedra filosofal.



 Observé a una comunidad cristiana y en ella descubrí el origen de toda la belleza en  las personas que construyen un edificio para toda la humanidad.  Cada persona es una piedra viva que se une a otras piedras para hacer posible la presencia de Jesús, que es la máxima belleza y la plena sabiduría del edificio perfectamente logrado. El evangelio recoge con precisión, los planos que guían la construcción de esta obra inacabada.



¿Desde dónde te sitúas?



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¡Hasta la próxima semana!



Tino Escribano Ruiz