sábado, 8 de febrero de 2014

12.-PROPONER LA FE… como experiencia de ternura.



Miré  las manos de un anciano y en los surcos arrugados de su piel, observé la ternura de toda una vida desgastada por amor a su familia.

Miré  las manos de una abuela y observé el brillo de la piel en sus palmas pulidas por el trabajo en las rutinarias tareas de la casa, realizado con delicada ternura.

Miré las manos de un  médico cirujano y observé que curaban con ternura las graves heridas del paciente.

Miré  las manos ennegrecidas de un mecánico y observé en la dureza de sus dedos, la ternura con la que arregló, una y mil veces, las averías de los coches.

Miré  las manos de un alfarero y observé que entre sus dedos se escurrían las gotas de agua con las que sus manos acarician el barro, dándole forma con esmerada ternura.

Miré  las manos de un  guitarrista  y observé que expresaban gritos de dolor con la  misma ternura con la que se acaricia la frente dolorida de un accidentado.

Miré  las manos de un pintor y observé que en cada pincelada, se despertaban las más sensibles emociones de ternura que brotan de lo más profundo del interior.

Miré  las manos de una matrona y observé  la ternura con la que acogía la nueva vida que acababa de nacer de las entrañas de una joven madre, a quien se la ofreció con renovada ternura, recostándola en su regazo.

Miré  las manos de una joven madre y observé la ternura que emanaba de su corazón  rebosante de alegría, mientras acariciaba a su niño rodeándole de besos.

Me acerqué a una comunidad cristiana y vi las manos de Jesús en el conjunto de manos que forman la bondad de todo el género humano; porque todos seguían el evangelio haciendo el bien sin esperar nada a cambio, lo mismo que hizo Jesús con sus manos.
Y son manos llenas de luz, resucitadas, porque son manos liberadoras que vienen de lo alto, pero que se rebajan y se ofrecen para levantar y dignificar a los caídos por las miserias humanas. Así es la fe cristiana cuando se vive como experiencia de ternura. 

¿Desde dónde te sitúas?                                                                  
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 ¡Hasta la próxima semana!

                       Tino Escribano Ruiz

sábado, 1 de febrero de 2014

11.- PROPONER LA FE CRISTIANA… como subida hacia las metas más altas.



Subí a la cima del Mont Blanch y me llené de amor cantando a  la belleza del paisaje.

Valoré la importancia del esfuerzo, pero me di cuenta de que estaba yo solo con mi canto.  



Subí a la cima del Anetoy limpié mis pensamientos  percibiendo la frescura de la nieve y el viento.

Valoré la importancia del esfuerzo, pero me di cuenta de que estaba yo solo con mis pensamientos.



Subí al monte Everest y sentí admiración al percibir el esplendor del cielo azul intenso.

Valoré la importancia del esfuerzo, pero me di cuenta de que estaba yo solo con mi color al viento.



Subí al monte Karakorum y mi alegría fue inmensa al superar el reto que me permitió percibir la sensación del riesgo.

Valoré la importancia del esfuerzo, pero me di cuenta de que estaba yo solo ante la superación del riesgo.



Subí al monte Sinaí y sentí la emoción de ver la huella de un dios que dio la gran ley a un pueblo.

Valoré la importancia del esfuerzo, pero me di cuenta de que estaba yo solo con un dios extraño en mis sentimientos.



Subí a la cumbre del Klimanjaro y sentí mi pequeñez ante tanta inmensidad.

Valoré la importancia del esfuerzo, pero me di cuenta de que estaba yo solo con mis grandes limitaciones en ese momento.


Subí al monte donde habita la comunidad cristiana y, al llegar a la cima,   encontré a otra comunidad que subía hacia otra cumbre más alta, siguiendo a Jesús, que va por delante. El Evangelio marca la ruta del sendero que lleva  a la cima y que baja hasta la llanura. Porque esta comunidad no busca al dios de las   alturas, sino al que se ha hecho llanura en la tierra para elevar a toda la humanidad hacia la cumbre más alta.

Valoré la importancia del esfuerzo en la subida, y me di cuenta de que no estaba  yo solo, sino que estaba en compañía; pues los logros aquí, son los frutos  de la ayuda de todos para conseguir las metas más altas en la constante subida.



¿Desde dónde te sitúas?



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Hasta la próxima semana.

Tino Escribano Ruiz


sábado, 25 de enero de 2014

10.-PROPONER LA FE CRISTIANA… como aspiración a la eternidad.



Viajé por el cosmos en los espacios siderales de galaxia en galaxia, buscando el sitio donde habita la eternidad, pero solo encontré retales de silencio.

Viajé por los planetas entre espacios infinitos buscando el hogar donde habita la eternidad, pero solo encontré distancias llenas de vacío.

Viajé por los rayos del sol y las estrellas, defendiéndome de su calor abrasador,  buscando el haz de luz que envuelve a la eternidad, pero solo encontré brillos que escondían oscuras sombras.

Viajé por los alrededores de la luna, buscando la espiral de la eternidad entre la poderosa fuerza magnética que atrae a los objetos; pero solo encontré destellos de color plateado que anunciaban malos presagios.

Viaje por los caminos de la tierra, de día y de noche, buscando la residencia donde la eternidad tiene su casa, pero no encontré más que caminos de un viaje a ninguna parte.

Viaje por los espacios interiores del pensamiento acumulado  en la historia de  la humanidad, buscando la neurona donde reside la eternidad, pero no encontré más que teorías que perciben descripciones sobre la conectividad.

Viajé al centro de la vida de una comunidad cristiana y encontré ahí la eternidad en los contenidos de la fe en Jesucristo, nacido en la tierra desde la eternidad del Padre-Dios. El evangelio es la guía para descubrir destellos de eternidad en el planeta, donde nadie es dueño de la tierra pero sí somos sus hijos, de paso por la tierra, construyendo caminos que conducen a vivir para siempre en la eternidad de Dios.



¿Desde dónde te sitúas?



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Hasta la próxima semana.

Tino Escribano Ruiz

viernes, 17 de enero de 2014

9.-PROPONER LA FE CRISTIANA… en diálogo con la ciencia.



Dediqué toda mi vida a la investigación para descubrir el origen de la vida con toda su biodiversidad; y me sentí feliz con las respuestas de la ciencia, pero me faltó un trocito de verdad por conocer.

Dediqué toda mi vida a descubrir el origen del universo con  sus astros y planetas. Y me sentí feliz  con los conocimientos científicos de las observaciones telescópicas y de los libros de astrología, pero me faltó un trocito de verdad por conocer.

Dediqué toda mi vida a descubrir el origen del hombre, desde las teorías evolucionistas a las del genoma humano. Y me sentí feliz con los conocimientos científicos acumulados desde hace tantos siglos; pero me faltó un trocito de verdad por conocer.

Dedique toda mi vida a estudiar la medicina para curar todas las enfermedades; y me sentí feliz con los remedios de la ciencia. Aprendí a confeccionar todas las recetas, pero me faltó algo para conocer toda la verdad.

Dediqué toda mi vida a descubrir el origen del bien y del mal.

Y me alegré al conocer las respuestas de la ciencia en sus teorías antropológicas, psicológicas y neurológicas; pero me faltó un trocito de verdad por conocer.



Me acerqué a una comunidad cristiana y allí descubrí que la fe no está reñida con las teorías científicas, pues ambas se complementan  para conocer toda la verdad que se concentra en la persona del Dios-Padre, creador, que ha dado origen a todo cuanto existe. Su hijo, Jesucristo, es la plenitud de toda la creación y nos lo ha dado a conocer. Él es el camino, la verdad y la vida, de toda ciencia y conocimiento.

  Siguiendo el evangelio de Jesús  llegarás al conocimiento de toda la verdad. Y la verdad te hará un ser libre, que junto a otros seres libres serán colaboradores de Dios para  hacer el mundo mejor, en diálogo con la ciencia.



¿Desde dónde te sitúas?



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Hasta la próxima semana.

Tino Escribano Ruiz

sábado, 11 de enero de 2014

8.-PROPONER LA FE CRISTIANA… en conexión con la naturaleza.



Me acerqué al manantial de la montaña y me llené de naturaleza pura y cristalina.

Me acerqué al manantial de la llanura y me llené del sabor de la tierra en sus aguas puras; pero aún así, me faltó algo para completarlo.

Me acerqué a las olas de la playa y conecté con la inmensidad del ancho mar.

Me introduje en las aguas del mar y sentí que formaba parte de todo el universo; pero aún así, me faltó el último tramo para completarlo.

Me acerqué a las nieves de las más altas montañas y conecté con la inmensidad del cielo azul en su más transparente limpieza; pero aún así me faltó el último matiz para completarlo.

Me introduje entre las nubes de las tumultuosas tormentas y me sentí repleto de la energía del cosmos en su fortaleza eléctrica más portentosa; pero aún así me faltó la última ráfaga para completarlo. 

Me acerqué a una comunidad cristiana y me llené de la fuerza de toda la naturaleza en su máxima expresión, porque allí me conecté con la energía creadora del Dios-Padre, origen de tanta belleza y esplendor.
En la comunidad cristiana se acoge a Jesucristo como el hijo de Dios, obra maestra de la naturaleza, porque en él  todas las criaturas encuentran su plenitud.
Naturaleza, energía, belleza, humanidad; todas conectadas al cosmos, pues aquí se vive el Evangelio en la universalidad del mundo, en conexión con la naturaleza con el estilo de vida de la fe en Jesús.
¿Desde dónde te sitúas?



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                                                           Hasta la próxima semana.

                                                            Tino Escribano Ruiz